Necesidad de mejorar el conocimiento turístico, con relación al COVID-19

Por Manuel Figuerola. Economista

La complejidad que sucesivamente supone el conocimiento de la pandemia obliga a trabajar más identificado con lo que significa la realidad turística, y en concreto, con la situación española. Lo cual no debería entenderse como un capricho. Ni tampoco, como una ensoñación. Sino como una urgente obligación, que ayude a cambiar las tendencias pesimistas que presionan el desarrollo turístico. Por tal causa, -tras los efectos del COVID 19-  la obligación de recuperar las tendencias positivas que el turismo generaba habrá de ser entendida, como un propósito inteligente y necesario. Que busque con urgencia el cambio a una política estratégica, con horizontes más favorables, y menores tendencias en declive

Se cree que tal propuesta es urgente e inmediata. Tal como se percibe cuando se pretende ampliar y mejorar el conocimiento, turístico, con el fin de conseguir resultados más eficientes. Aunque sin duda, la consecución de dicho objetivo, en la actualidad, presente bastante dudas, y complejas actitudes. Por tanto, mantener una actitud débil e inconsecuente en momentos de presión de numerosos peligros, que acechan a la realidad turística, no puede tener otro resultado, que el riesgo de la quiebra de numerosas empresas. Dominadas por la posible influencia de una grave crisis que afecta al sector. Y cuyo resultado final no puede ser otro que la ruina de cientos de miles de establecimientos.

Sin duda poseer suficiente información posible de lo que pueda ocurrir en el futuro, en el ámbito turístico, es un importante objetivo. Aunque para algunos responsables de la política turística, dicho avance pueda ser solo una interpretación ideal. Que solo lleva a una proyección teórica. Capaz de confundirnos con la idea de que no podemos predecir. Sin embargo, se ha de destacar, que el conocimiento predecible de la realidad turística ya ha sido estudiado desde distintos enfoques; existiendo en la actualidad suficiente bibliografía para progresar en el dominio práctico.

Tal Hipótesis permite exigir con firmeza la validez de manejar principios teóricos comprobados. Distantes de ejercicios visionarios. Que solo llevan a sentirnos dominados por la capacidad utópica de acercarnos a una realidad no contrastada ni verificada. No obstante, desde otra posición, se considera, que siempre será mejor poseer una hipótesis de la realidad, que menospreciar por completo toda información de futuro que pueda ayudarnos a mejorar el conocimiento

Desde una actitud inteligente, la profunda caída de la producción turística, que se ha contabilizado durante los primeros meses del año, exige con urgencia, decisión, continuidad y firmeza plantear con tiempo y rigor, una urgente política de recuperación de nuestro turismo. Calculándose en estos momentos – hasta julio del 2020- un descenso del consumo, o gasto turístico durante el año, igual a 67.500 millones de euros. Es decir, el 47,5 % de la producción de este importante sector económico. Que en caso de agregación de la producción indirecta o inducida -magnitud tan real, como lo es también el consumo turístico- sería igual a 60.000 millones de euros. En conjunto 127.500 millones de descenso. Que significa desde otra perspectiva, aproximadamente el 5,5 % del total de la producción nacional.

Dicho balance -decepcionante por los resultados alcanzados- ha de significar una dura llamada de atención a los responsables nacionales y autonómicos del turismo español. Ya que las fuentes estadísticas no pueden limitarse a ser solo una información de datos y porcentajes negativos. Sino también, una oportunidad para implementar acciones y estrategias capaces de impulsar un sector de gran sensibilidad. De profunda tendencia cambiante y rico de alternativas de oferta y demanda. En principio por causa de su propia naturaleza. Significando, sin duda, el turismo una gran fuente de riqueza y de impulso económico. Pero también una actividad, de fuerte sensibilidad por causa de su propia naturaleza.

Asimismo, es posible, que algún lector de estas consideraciones pueda opinar, que por parte del autor existe un interés extraño o interesado de magnificar dichas preocupantes estimaciones. Quizás movido por extrañas razones. Sin embargo, lo que se manifiesta en dichas estimaciones, son tan solo apreciaciones que conducen a juicios objetivos. Que solo pretenden alertar acerca de una situación real. Que transmite repercusiones de modo inmediato sobre los resultados del empleo, la balanza de pagos, la fiscalidad, la FIBcf, la mejora de las infraestructuras, etc.

Una adecuada política de recuperación de tan grave crisis habrá de asumir, que la reacción a dichos problemas ha de ser inmediata e intensa. Política siempre derivada desde todas las situaciones que pueden plantearse; amenazando la evolución de una actividad económica y social. Porque siempre será trascendente para el desarrollo y el crecimiento cualquier comunicación de la capacidad informativa. Debiéndose alertar de que para la recuperación de la situación actual no podrá ser bastante, solo la aprobación de prácticas improvisadas, sino rigurosas fuentes estadísticas.

Por otra parte, es importante destacar, que el porcentaje de participación del turismo en la economía española, a través de la formación del PIB, durante el año 2019, ascendió a una cifra determinante para el desarrollo (12,45 %). Como consecuencia, las potenciales pérdidas que pueden producirse – tal como es el caso de este año- son un factor que incapacita la estructura económica, para sostener el equilibrio económico nacional. Pudiéndose considerar al turismo, como factor básico que contribuye al crecimiento de la riqueza. Que además ayuda al desarrollo, como  sector concluyente para mantener otros equilibrios necesarios de la economía.

Este breve análisis motivador de fijar con rigor y conocimiento una política estratégica que ayude al mantenimiento del desarrollo turístico español, pone de manifiesto, la necesidad de forzar medidas eficaces. Aquellas que reúnan características, que hagan eficiente dicho proyecto. Rico en acciones digitalizadas. Entre las más importantes, aprovechar la oportunidad de valorar el conocimiento con rapidez y coherencia.

En ese sentido, nos llama la atención las contradicciones que se han podido encontrar en la lectura y análisis de diferentes textos sobre el turismo y el COVID-19. Especialmente en momentos de des escalar. También en fases críticas en las que era necesario el reconocimiento del significado social y político que corresponde al turismo. Coincidiendo con falta de criterios rigurosos en cuanto a los aforamientos y la aplicación de otras medidas operativas. Equívocos originados en ocasiones en algunos medios de comunicación. Y en particular en circulares emitidas desde las oficinas públicas. Reglas que afectaban al turismo, vertidas en mensajes, anuncios, mandatos y disposiciones. Que se han podido leer con errores durante el largo período de desarrollo de la pandemia. Algunos llenos de valoraciones basadas en estadísticas equivocadas y juicios de valor atrevidos.

La actual situación de debilidad que manifiesta el conocimiento turístico, en paralelo al fuerte descenso de las cifras y el desajuste de las series turísticas, ponen de manifiesto la necesidad de recuperar y mejorar las bases estadísticas. Que han de encontrar su mejoría, fundamentada en el rigor científico exigible. Y en la mayor amplitud de las fuentes de información. Especialmente fortaleciendo el BIG DATA de las series cuantitativas y cualitativas sectoriales. Poniendo de manifiesto que, en el marco de dicha acción estratégica, se recomienda el fortalecimiento de modelos econométricos, como tablas intersectoriales de la economía turística (TIOT/2021).

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