Soy hostelero

Si alguna vez me pidieran que me definiese con una sola palabra yo diría que soy hostelero, igual que otros dirían ecologista, deportista o músico. Es una declaración de principios porque hay ciertas profesiones que marcan tanto nuestra vida, que se convierten en la mejor descripción de la persona y de su personalidad.

Los hosteleros somos gente vocacional y trabajadora, si no cómo se explicaría la enorme cantidad de horas que le dedicamos a nuestra profesión, los horarios imposibles que aguantamos y los sinsabores que soportamos. Para nosotros no existen días de fiesta, la conciliación familiar es un imposible que se reduce a que la familia trabaje en nuestros establecimientos y las vacaciones se limitan, en el mejor de lo casos, a unos días pegados al móvil solucionando problemas a pie de playa.

Los hosteleros somos gente humilde y servicial porque estamos orgullosos de servir. Nosotros pensamos que en el servicio está la grandeza del hombre (y la mujer) y quien no vive para servir, no sirve para vivir. Estamos presentes en el día a día de la gente, les servimos sus desayunos, sus aperitivos o sus menús del día. No podemos faltar en los días más importantes de sus vidas: la boda de la hija, el bautizo del primer nieto o la jubilación del compañero.

Hemos sido el escenario perfecto de miles de declaraciones de amor y también de algún desamor. Somos el santuario de la amistad y el antídoto de la soledad. Nuestra barra es el
plató de mil tertulias y el escenario de los artistas de a pié. Y todo esto ocurre porque siempre hay una persona dispuesta a servirles con una sonrisa y un ahora mismo se lo traigo. Alguien que les da lo mejor que se puede ofrecer, felicidad.

Siempre he estado muy orgulloso de mi profesión, pero esta terrible crisis está haciendo que mi admiración por mis compañeros de gremio sea máxima. La hostelería fue la primera actividad que echó el cierre y muchos establecimientos lo hicieron antes de que el 14 de marzo se ordenara por decreto. Hubo cientos de comunicados en toda España de establecimientos que cerraban por responsabilidad social con sus clientes y con sus trabajadores. Y lo hacíamos a ciegas porque no sabíamos qué había después, lo hacíamos porque era lo mejor para nuestra gente, porque era lo que había que hacer. Y lo hicimos sin protestar.Les voy a confesar una cosa, los hosteleros estamos aterrados. Las noticias son terribles por el número de contagiados y fallecidos, nadie sabe cuándo va a acabar el confinamiento, ni en qué condiciones vamos a volver a empezar a salir y el panorama económico es desolador. La incertidumbre es total, pero como dicen los montañeros, cuando el camino se pone duro, los duros se ponen a caminar. Y les puedo asegurar que los hosteleros somos muy duros. Sólo necesitamos que nos dejen trabajar, que nos ayuden porque por trabajo y esfuerzo no va a quedar. Las medidas del gobierno deben inyectar mucha más liquidez en el sistema: hay que agilizar y simplificar los trámites de los ERTES y los préstamos ICO, suprimir tasas y aplazar el pago de impuestos, suspender cotizaciones sociales y de autónomo, dar una carencia de seis meses en los alquileres, hipotecas y préstamos. El gobierno autonómico y el local deben adaptar sus normativas a la excepcional situación y realizar campañas de promoción e información al público, deben inyectar tranquilidad, seguridad y optimismo.

Los momentos amargos son los que te enseñan a valorar lo que tienes, y lo que es más importante en tu vida. Y los bares forman parte de la vida de la gente. La hostelería es un elemento esencial del carácter de nuestra ciudad y una pieza clave en la economía. No sabemos qué de valioso es algo hasta que lo perdemos y ahora nos estamos dando cuenta de lo importante que son los bares y restaurantes, las terrazas y las tabernas. Agricultores, pescadores y empresas agroalimentarias hablan de la caída de ventas y precios, las bodegas de vino, las alcoholeras y las cerveceras nos envían emocionantes vídeos “echándote de menos” como la canción y miles de empleos directos e indirectos están en la cuerda floja. No se preocupen, no hay árbol que el viento no haya sacudido, ayúdennos a arrancar y déjennos trabajar, que el resto lo pondremos nosotros y saldremos adelante.

Nadie sabe cómo será el día después, pero creo que los hosteleros nos enfrentamos al reto de la normalidad. La gente va a buscar lo que ha perdido, lo cotidiano, la rutina, lo de siempre. Y eso es lo que le debemos dar, lo excepcional es lo que hemos vivido, ahora debemos servir normalidad. Eso sí, el primer día que abra mi bar voy a hacer tres brindis: el primero por todas las personas que han fallecido, el segundo por todos esos héroes que han librado esta batalla: los sanitarios, policías, guardias civiles, ejército, transportistas, voluntarios y el tercero con mi gente por el futuro, dándole las gracias a Dios por estar bien.

Antonio Luque. Presidente Asociación de Hosteleros de Sevilla

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