Cuando hablamos de la música en hostelería o restauración solemos hacerlo bajo la premisa de su utilización a través de los diferentes reproductores que las empresas ponen a disposición de sus clientes, ya que es el uso más habitual que hacen de ella. Sin embargo, cada vez más, numerosos empresarios están optando por formas de amenización alternativas como pueden ser conciertos en directo o espectáculos de otro ámbito cultural como la magia, los monólogos, etc.

Se trata de otro tipo de oferta de contenidos que suponen una alternativa interesante para diferenciarse de la competencia, como un valor añadido para el cliente o como reclamo para públicos que no están directamente en su área de influencia.

No cabe duda de que la aparición de las redes sociales y el uso de éstas como herramientas de comunicación y marketing han ayudado mucho a los empresarios a relacionarse de manera distinta con sus clientes. La convocatoria de actuaciones en directo mediante estos canales, más aún si se ha trabajado de forma adecuada la red de contactos, puede hacer que se generen expectativas interesantes para los asistentes y ayudar a garantizar de forma bastante segura el éxito del evento en cuestión.

Mas allá de lo evidente en cuanto a lo apetecible de un espectáculo atractivo en un local, existen una serie de ventajas asociadas al mismo que no deben dejarse de lado y que han de explotarse para que el empresario que apueste por él reciba la máxima compensación.

Uno de los beneficios que tradicionalmente menos se tiene en cuenta y que adquiere mayor importancia, año tras año, es la atención a los públicos menores de edad, presente y futuro del consumo cultural, como la música en directo. El público adolescente que acude a escuchar a una banda local de amigos puede ser complementado por menores acompañados de sus padres, o diseñando espectáculos dirigidos a ellos como los cuentacuentos que, programados en los horarios adecuados, serán un éxito garantizado.

Igualmente, los establecimientos que explotan este tipo de acciones consiguen beneficios menos tangibles de forma inmediata, pero que sirven de trampolín para los que vendrán después gracias a la reputación que les genera esta apuesta por la cultura. De esta manera, sus clientes no los verán como una oferta más, sino como una empresa que genera acciones distintas para todos los públicos y se convertirá en un referente en su zona de influencia.

La cultura como herramienta fundamental para el crecimiento de las empresas, multiplicando sus vías de expansión: algo que los países anglosajones, pioneros en este campo, siguen promoviendo. Su última novedad es recuperar la memoria del público mediante la organización de actuaciones de artistas de gran trayectoria que se han quedado en un segundo plano o ya retirados. De esta forma, esos espacios logran un mayor grado de especialización y en consecuencia, crean una marca claramente reconocible.■

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