Hace unas semanas, experimenté en una cafetería una situación que ya me habían descrito anteriormente varios compañeros. Me senté en una mesa, pedí un café y saqué mi cigarrillo electrónico. Como suelo hacer, me aseguré de que no hubiese alguna señal que indicase que se prohibía vapear, pero, en cuanto llegó mi café, un confundido camarero me pidió que apagase el dispositivo.

La ley permite a los hosteleros decidir si admiten el uso de e-cigs en sus establecimientos, así que lo apagué y le expliqué que está permitido vapear en bares y restaurantes. El camarero, que había entendido la situación, se disculpó sorprendido. Esto me hizo ver que, 4 años después de la entrada en vigor de la normativa, todavía existe cierto desconocimiento.

Hay mucha confusión en torno al cigarrillo electrónico, y tanto los hosteleros como los profesionales del sector del e-cig tenemos que evitar estas situaciones. Debemos actuar desde la formación propia y la información a los clientes, especialmente ahora que contamos con una de las legislaciones más estrictas de Europa. La ley permite el vapeo en los locales HORECA, pero cada establecimiento puede elegir si admite o no el uso de cigarrillos electrónicos. Pese a ello, siempre vamos un paso más allá y de esa voluntad nació el código de buenas prácticas, una garantía para el sector que desarrollamos junto a la FEHR.

Tanto la Unión de Promotores y Empresarios del Vapeo como la Federación Española de Hostelería queremos asegurar el bienestar de todos los clientes. La ciencia demuestra que los vaporizadores personales no afectan a terceras personas, pero nuestro compromiso es proteger a los más jóvenes. Para ello, recomendamos prohibir el uso de cigarrillos electrónicos en los locales con afluencia habitual de menores.
Asimismo, debemos velar por el buen ambiente y ser flexibles ante las reclamaciones. Para evitar un conflicto, señalicemos en nuestros locales si está permitido el uso de e-cigs o indiquemos si hay una zona habilitada para ello. Si alguien se queja del uso de un vaporizador personal, hay que explicarle que es un producto distinto al tabaco y que la ley permite el vapeo en ese tipo de locales. Si, pese a todo, persiste en su reclamación, lo mejor es solicitar amablemente al vapeador que cese el consumo del e-cig, exponiéndole la situación.

Resulta fácil prever que cada vez más fumadores optarán por los vaporizadores personales, tal y como ha sucedido en los últimos años. El sector de la hostelería no puede permitirse dejar de lado a un porcentaje tan significativo de usuarios por puro desconocimiento. Las leyes están respaldadas por la ciencia y, a través de la formación, los hosteleros podrán adaptarse a la llegada de los e-cigs y mantener, al mismo tiempo, el excelente servicio al que nos tienen acostumbrados.