Álvaro García, propietario de Casa Consuelo: “en España no hay otra pinacoteca particular como la nuestra”

Fundado en 1935, Casa Consuelo es uno de los más acreditados restaurantes de carretera de toda España. Además de su riqueza gastronómica, su tradición familiar y su cercanía con el cliente, casa Consuelo, destaca por su compromiso con la cultura. Desde 1987 celebra la bienal “La Gastronomía y la Pintura”, que convoca a más de 300 artistas de España y Europa, cuya característica más especial es que además de premiar al ganador se destina una importante cantidad de dinero a la adquisición de obras de arte. Cada edición el certamen se completa con un homenaje a personalidades relevantes del mundo de la cultura, los fogones, la enología… Con algunos de los cuadros participantes se organizan posteriormente exposiciones por distintas poblaciones del occidente asturiano. La pinacoteca de Casa Consuelo es casi tan valiosa como su legendaria bodega, con más de 20.000 botellas.

¿Cómo valora el Premio Nacional a la empresa destacada en la promoción de la cultura?

Estamos muy felices. Desde Madrid y del resto de España nos han felicitado .Estamos muy contentos porque no creíamos que tendría tanta repercusión este galardón de cara a medios de comunicación, incluso en Argentina, Puerto Rico o Santo Domingo,  donde tenemos clientes que nos han felicitado.

¿Cómo empezaron con la bienal de arte?

El primer certamen fue en 1989. Un arquitecto amigo nos dio la idea, porque sabía de nuestra afición a los cuadros. Lo concretamos luego con el crítico de arte más importante de Asturias, Villapastur, que falleció. El primer año empezamos con un par de patrocinadores y ahora tenemos entre 7 y 9. Antes se ponían 6.000 euros del patrocinador para comprar obras y otros 3.000 para medallas y comidas del certamen, y ahora vamos creciendo con más presupuesto.

¿Nos puede recordar momentos y personajes que le han marcado durante este tiempo en la bienal?

A medida que fue avanzando el certamen fuimos trayendo los mejores cocineros: Arzak, Subijana, Berasategui, Zuberoa, Eneko Atxa, David de Jorge, Nacho Manzano, Pedro Morán, Severo Ochoa, que aceptó la presidencia de honor de la bienal, Quini, Samuel Sánchez, José María García, etc. A nivel nacional creo que no hay ninguno  tan importante para la gastronomía y la pintura. Cada vez va a más.

Han  editado un libro: ‘Casa Consuelo, 75 años entre fogones y pinceles’. ¿Cómo es?

Queríamos hacer un libro de recetas. Recoge 44 recetas acompañadas de reproducciones de obras de varios artistas.  Empezamos pidiendo cuadros a los pintores y nos dijeron algunos que no conseguiría ni una docena y al final fueron más de cuarenta.

Tienen bodega enorme 20.000 botellas. ¿Qué es más importante para ustedes: su bodega o su pinacoteca?

Creo que la pinacoteca es lo más importante. En su tiempo la bodega tuvo 20.000  botellas. Ahora hay la mitad, porque subastamos muchas botellas de vino francés, californiano, etc. Era de las más importantes de España pero no podíamos permitirnos más de 200.000 euros invertidos en botellas de 2.000 y 3.000 euros. Ahora la gente no bebe tanto vino. Por eso decidimos deshacernos de algunas de ellas. De todos modos, sigue habiendo una buena bodega.

¿Hay alguna pinacoteca como la de ustedes?

En España no hay ninguna a nivel particular como la nuestra. En cada certamen siempre nos quedamos con un cuadro al menos, y es una inversión que hacemos para seguir mejorando la pinacoteca. Ahora mismo, si hubiera que venderlos, tal vez perderíamos dinero porque el arte fluctúa mucho en precios, pero hay cuadros que valen mucho. Desconozco lo que hará mi familia, pero yo no quisiera desprenderme de ellos, porque ahora mismo sacaríamos menos de lo que nos costaron en su momento.

¿Algún cuadro por el que tenga predilección?

El cuadro al que más cariño tenemos es ‘La Cocina’. De Carlos Sierra, de Oviedo. Llegó en su día fuera de plazo, cuando ya comía el jurado, pero los expertos nos dijeron que si podíamos lo  compráramos. Valía 250.000 pesetas pero el precio podía duplicarse al cabo de un año cuando Luarca rindió homenaje al pintor. Otro cuadro muy querido por mí es ‘La Sardina’ de Pachín, un gran pintor de Avilés. La plantilla de nuestros trabajadores, al verlo, comentó que eran unos arenques preciosos. Y quedó expuesto en el primer comedor que tuvimos en el restaurante.

 

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