Demasiadas infraestructuras y escaso conocimiento

Manuel Figuerola Asesor FEHR

Las crisis que en estos momentos nos afectan (deuda, desempleo, recesión y financiación) motivan a que en los debates, discusiones y proyección de ideas y soluciones a los problemas y desajustes que presenta el sistema económico español, tres palabras sobresalgan, pareciendo que se repiten con exagerada frecuencia. De ese modo, permanentemente, inquieta nuestro cerebro, la necesidad de mejorar los niveles de competitividad, productividad e innovación de las empresas.

Sin duda, todos estamos de acuerdo en aceptar, que si fuéramos capaces de elevar nuestros bajos niveles de eficiencia, los problemas básicos estarían resueltos. Ya que puede comprobarse, o bien utilizando el método del Atlas del Banco Mundial, o bien el proceso de dividir los valores agregados anuales o PIB entre la fuerza laboral de los nacionales, que nuestra riqueza per cápita, está por debajo de un 27 % de las de Alemania o Francia, y en el entorno de 34 % de la renta de un estadounidense.

Ahora bien, en general puede afirmarse, que en los últimos años, se ha valorado esta realidad de manera continua, tomando conciencia de lo que estaba pasando. Poniéndose de manifiesto nuestras debilidades, que se concretan en una baja competitividad, por causa de tres factores determinantes. Reducida productividad de todos los factores que intervienen en los procesos de producción, no solo por causa de los elementos activos, sino también de los organizacionales. Después, por la insuficiente formación y poca adaptación de la mentalidad a un cambio de la cultura del trabajo y de la nueva concepción laboral, por lo cual se ha evidenciado una mala política educativa. Y por último, un inadecuado uso de las tecnologías, especialmente, además de un escaso esfuerzo investigador.

Aunque no se puede dejar de destacar que se ha hecho un gran esfuerzo por intentar cambiar ese esquema de producción que ofrece rendimientos tan bajos. Realizándose, ese esfuerzo preferentemente en la mejora sustancial de las infraestructuras. Las cuales en los últimos quince años han mejorado de manera importante. Véase la mejora de la comunicación por carretera (autovías y carreteras de doble sentido), ferrocarriles (aves y trenes de velocidad alta), aeropuertos (aproximadamente uno por 10.000 kilómetros cuadrados), y redes digitales de comunicación (RDSI).

Pero lamentablemente, el conocimiento casi se ha ignorado. La investigación ha sido pobre. La capacidad de potenciar la inteligencia de nuestros jóvenes y emprendedores ha sido mínima. Las inversiones se han reservado para otros menesteres y obligaciones. Por lo que se ha llegado a una situación muy lamentable, en dónde los resultados económicos son precarios, tal como se ha dicho anteriormente. Los cuales nos distancian de manera evidente del nivel de la competitividad que requerimos. Urge pues cambiar el modelo y dedicar más a I+D+i y menos a grandes infraestructuras.

Un ejemplo innegable, cierto y actual de lo que se ha explicado anteriormente es la ralentización o dificultades sufridas recientes en el desarrollo del turismo español. En los últimos años, el rendimiento real por viajero ha descendido de manera significativa. No se puede considerar que se hayan conseguido de manera indiscutible los objetivos deseados, cuando el ingreso medio por estancia de un turista procedente del exterior solo es algo superior a 70 euros.

Ello nos indica que debemos estudiar mucho más el modelo y buscar estrategias de optimización de los resultados. Como solución al problema de la insuficiencia investigadora, haría una sugerencia inmediata y fácil de dotar. Concédanse 500 becas de investigación de 6000 euros. De esa manera, solo con un esfuerzo del 0,15 por mil de las rentas fiscales proporcionadas por el turismo, se dotaría al país de un riquísimo sistema de información e investigación. Posiblemente, perfecto sistema descriptor de la realidad turística española, que estudiaría los conflictos y desajustes que le afectan. Quizás, comprobaríamos, que no necesitamos recibir más turistas del exterior. Sino un turismo más adecuado a nuestra oferta, mayor impulsor del empleo, mucho más influyente en nuestra economía y también, más conservador con nuestro patrimonio e inventario histórico cultural.

Manuel Figuerola
Asesor FEHR

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