¡Vaya verano hemos pasado! ¿Qué otoño nos espera?

Juan Navarro Director Formación FEHR

Durante este verano no hemos parado de sobresaltos económicos, cada día era peor que el anterior pero mejor que el siguiente, y lo peor de todo, sin que podamos entender lo que realmente está pasando porque nos ocultan información. La economía ha invadido nuestra vida como si fuera una maldita metástasis que nadie sabe cómo parar, lo cierto es que comenzó en Estados Unidos y pronto pasó a Europa donde, en un principio, se extendió a órganos menores como Grecia, Irlanda y Portugal, pero ahora se extiende a España, Italia e incluso a órganos vitales como Francia y Alemania. Operar sobre el denominador comenzó siendo la receta estadounidense y la Unión Europea no tardó mucho tiempo en aplicarla. Reducir déficit y deuda se ha convertido al mismo tiempo en la principal obsesión de los dirigentes mundiales y en una preocupación para los ciudadanos, que no somos capaces de adivinar cuánto tendremos que ceder del denominado estado del bienestar para alcanzar el ansiado equilibrio del que hablan ahora todos nuestros dirigentes.

Lo que sí sabemos es que una crisis financiera ha producido una gran recesión que ha provocado una crisis de la deuda. Si ésta no se afronta con decisión, provocará a su vez otra crisis financiera, y esta a su vez provocará otra gran recesión y más tarde otra crisis de deuda, lo que supondría el fin de la zona euro. Esto ocurre por el vigente diseño del Tratado de la Unión, que dejó sin resolver los dos problemas de fondo del área euro: por un lado, su integración fiscal, que de inexistente ha pasado a insuficiente tras la creación del European Financial Stability Facility –Fondo Europeo de Estabilidad Financiera– (EFSF) y que necesita urgentemente la creación de los eurobonos. Por otro, los Estados miembro del área euro no pueden contar con un banco central que actúe como su prestamista al que pueden recurrir en última instancia, por lo que emiten deuda en una moneda, el euro, que no controlan, como si realmente emitiesen en moneda extranjera. Así, ante la grave situación actual, lo lógico sería intentar resolver de una vez ambos problemas. Por un lado, permitiendo al BCE que sea el prestamista de última instancia del área euro y que pueda actuar como cualquier banco central, comprando deuda en el mercado secundario e inyectando liquidez temporalmente cuando lo considere conveniente; y por otro lado, construyendo una política fiscal única a largo plazo para evitar el contagio imparable actual, mediante la emisión de eurobonos que permitan financiarse a los Estados miembros todavía solventes, pero que deben enfrentarse a problemas serios de liquidez. En definitiva, convertir los eurobonos que actualmente emite el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (EFSE), con una garantía proporcional de sus Estados miembros a su participación en su capital, por una garantía conjunta y solidaria.

Pero el lector seguro estará pensando que todo lo descrito anteriormente conforma un conjunto de medidas para el largo plazo y se preguntará ¿cómo nos está afectando y afectará todo esto a los ciudadanos? Lo que ahora necesita desesperadamente la economía es un remedio a corto plazo. Cuando la metástasis aparece, lo que queremos es un médico que nos ponga un tratamiento lo antes posible para que no se extienda, no un doctor que nos dé lecciones sobre la importancia de haber mantenido un estilo de vida saludable. Cuando 3,5 millones de personas dispuestas y capaces están en paro en nuestro país (no es una equivocación, descuento el millón restante que durante la bonanza económica ha demostrado no estar disponible), queremos dirigentes que busquen una recuperación rápida en lugar de sermonearnos sobre la gravedad de la deuda y la necesidad de la sostenibilidad fiscal a largo plazo.

Junto al equilibrio presupuestario, el control del gasto (sobre todo el suntuario e innecesario) y la reducción de la deuda, son necesarias medidas que actúen sobre el numerador, que reactiven la actividad empresarial y la consiguiente creación de empleo y que den tranquilidad a los mercados minimizando las operaciones especulativas. Hay mucho dinero circulando en operaciones financieras obteniendo pingües beneficios de la situación que no se está invirtiendo en la economía real y que no está facilitando a las empresas los recursos financieros necesarios para poner en marcha nuevos proyectos generadores de actividad, empleo y riqueza.

Algunas medidas que nos están anticipando los candidatos a las próximas elecciones, como la de crear un millón de emprendedores para que a su vez estos contraten a 3,5 millones de personas o la de facilitar créditos para emprendedores, en el hipotético caso de que se llegaran a aplicar, no van a resolver el problema a corto plazo, porque como dije en un artículo anterior, los emprendedores no crecen como las plantas ni todos estamos capacitados para emprender un negocio.

Anticipo dos posibles medidas: 1) Mayor inversión pública selectivamente dirigida a la generación de proyectos empresariales viables y cofinanciados, que lleven aparejada creación de empleo. Me refiero a proyectos centrados en el desarrollo local; a) para atender servicios de cercanía a la colectividad ahora no prestados o prestados de forma deficiente, b) para la reorientación de infraestructuras obsoletas o en desuso, c) para el desarrollo del turismo local en zonas determinadas, etc. El gobierno socialista ha perdido la ocasión de apoyar a un gran número de microproyectos empresariales dirigidos a satisfacer la creciente demanda de servicios a personas dependientes y se ha enredado en lo que han venido a llamar los brotes verdes. 2) Medidas agresivas para reducir la deuda de las familias (mediante la condonación y refinanciación de las hipotecas) y de las pequeñas y medianas empresas (mediante la refinanciación de pasivos).

Juan Navarro
Director Formación FEHR