Un tsunami que viene de tierra adentro

Eduardo Suárez del Real Restauración de Mallorca

Parece que la ruina se ha apoderado del código genético de la principal industria de Mallorca. Y aunque éste es el momento de cambiar de paradigmas, de romper con las creencias y estrategias que nos han llevado hasta aquí y de tirar a la basura los moldes del fracaso, consciente o inconscientemente, estamos obedeciendo a Diez Mandamientos que más temprano que tarde pueden llevarnos a desaparecer de los catálogos de los principales turoperadores europeos.
1. Si no puedes vender bien el producto… destrózalo
2. Si no puedes sacar a flote la isla… húndela
3. Si no consigues diversificar tu producto… potencia el que te permite recaudar miseria
4. Si no consigues poner en valor tu producto, devalúalo
5. Si tu cliente te ahoga con los precios que te impone, dale un voto de confianza, no busques más clientes, el próximo año cuando te vea agonizando, es seguro que te abandona
6. Apuesta siempre por lo mismo y de la misma manera, verás que así nada cambia
7. Deja las decisiones a aquellos que llevan años demostrando que no saben, es posible que un día aprendan
8. Deja la estrategia colectiva en manos de los que obedecen a intereses particulares
9. No te dejes asesorar por los que lo están haciendo bien ni imites sus modelo, porque algo empezaría a mejorar
10. Mantente en la silla hasta el final y si eres el último en marcharte, apaga la luz
Fieles al decálogo, observamos impotentes la caída.
El declive de los destinos turísticos se produce en cualquier parte en la que el turismo se haya desarrollado en el pasado y, en general, afecta a aquellos destinos que cuentan con una cierta tradición como proveedores de productos turísticos. Dichos destinos pueden seguir una o varias pautas negativas, entre otras, una disminución significativa de los elementos que anteriormente definían su calidad, una caída acusada del éxito desde el punto de vista de la competitividad o serias dificultades a la hora de garantizar un turismo sostenible. Aunque, en una fase avanzada, el declive de un destino turístico normalmente supone una serie de pérdidas económicas o incluso la quiebra.
El continuo crecimiento cuantitativo del turismo está siendo acompañado en las últimas décadas de profundos cambios cualitativos, que obligan a pensar periódicamente la oferta con el fin de adaptarla a los nuevos gustos y demandas de los consumidores. Es evidente que estos cambios implican la reformulación de las estrategias y los procesos tradicionales de desarrollo, pasándose de manera general de planteamientos para la creación de productos a un marco de intervención más complejo en el que sea obligado atender a la totalidad del destino turístico.
En estos momentos en las Islas Baleares se echa en falta el análisis urgente de estos cambios, y cómo deberían evolucionar las metodologías y los procesos de planificación con el fin de atender al desarrollo de la Comunidad, con capacidad para mantener un estatus competitivo frente a productos sólidamente posicionados y a otros emergentes.
¿Qué política inteligente seremos capaces de vertebrar en este momento, en el que ya queda claro que salvar a un sector no es salvar un destino?
A poco de haberse iniciado la temporada alta ya sabemos que el “Todo incluido” en 2010, es un tsunami que en vez de venir del mar, viene de tierra adentro… con la desventaja de que si viniera del mar, sería una catástrofe natural y habría indemnizaciones, búsqueda de desaparecidos y ayudas humanitarias para los damnificados.

 

Eduardo Suárez del Real
Restauración de Mallorca

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