Milagros Novo, propietaria de Lhardy, Reconocimiento al Restaurante Centenario: “fuimos los primeros en todo”

En pleno centro de Madrid, este local ha sabido adaptar su oferta gastronómica a la actualidad sin perder las recetas ni el ambiente romántico que le acompaña desde su inauguración en 1.839.

P- ¿Cómo valora el Reconocimiento que les otorga la FEHR?
R- Una maravilla, porque es de toda la restauración española. El Lhardy sale en las guías y es conocido en el mundo entero, pero que tus compañeros de la FEHR te apoyen de este modo me provoca emoción. Estoy muy agradecida. Mi vida es el Lhardy: nací aquí y me llena el corazón de alegría.

P- ¿Es cierto que fue el primer restaurante de España como tal?
R- Como ‘cinco tenedores’ sí: hace 170 años había tabernas, mesones con mesas de madera, pero no restaurantes de lujo. Lhardy fue el primero en poner mantel blanco, mesas separadas, cubiertos de plata… Fue un ‘glamour’ que trajo Don Emilio Huguenin desde Francia.

P- Emilio Huguenin, de ascendencia suiza, trabajó en el Café Hardy de París, lo que luego fue el Maison Dorée. ¿Cambió el apellido de la familia al abrir el local aquí?
R- No. Él mantuvo su apellido, pero sí que quiso agradecer el trato en el Boulevard de los italianos de París, y se inventó el nombre de ‘Lhardy’, sin apóstrofe, porque muchos nos ponen el nombre con apóstrofe (L’hardy). Tuvo tanta fuerza el nombre que su hijo Agustín, el pintor, que ya nació en Madrid, sí que cambió su apellido, y se llamó Agustín Lhardy

P- ¿Es cierto también que fueron los primeros en aceptar reservas por teléfono?
R- Es cierto que en 1885 pusimos el teléfono. Había, creo, sólo 17 casas conectadas a la red en Madrid. Algunos empezaron a pedir mesa de ese modo, sí.

P- ¿Era también el Restaurante donde solían comer los Reyes?. Se dice que Alfonso XII solía aparecer por el Lhardy…
R- Sí, además a él le encantaba mezclarse con la gente. Entraba por la tienda, con su capa y su bombín, y se ponía a comer y a charlar. Alguna vez, cuando le descubrían y la gente acudía a saludarle, huía del barullo saliendo por la cocina a la Calle del Pozo. Isabel II, que tenía 9 años cuando inauguramos el local, también vino alguna vez, pero era más seria. Los que se mezclaban aquí con todo el mundo eran Alfonso XII y su hermana, Isabel de Borbón, ‘La Chata’.

P- ¿Cómo hacen para mantener el prestigio y acomodar a la gente con las normas y las costumbres actuales?
R- Bueno, el truco es ser tradicionales y fieles con nosotros mismos. Lo más bonito que nos pueden decir es que se sienten muy a gusto en nuestra casa. Hace veinte años ampliamos el local, con tres salones más, que mantienen un ambiente típico del Lhardy.

P- Forman parte de los ‘Restaurantes Centenarios’. ¿La fama y la llegada de clientes es algo coyuntural, o siempre han sido referencia en las ciudades españolas?
R- Algunas veces quizás ha habido modas, pero ahora, desde que creamos esta asociación de centenarios, hemos visto que, al menos en Madrid, somos uno de los atractivos más importantes para turistas de un cierto nivel: aparecemos en las guías y vienen buscando Malacatín, Casa Labra, La Bola, Casa Alberto, Botín, Lhardy… Somos tradicionales, los que llevamos más años en esto, y siempre nos han querido mucho los turistas.

P- Lhardy nació el mismo año que Caja Madrid, pero parece que los procesos sucesorios en vuestro caso fueron siempre menos traumáticos y politizados, ¿no?
R- (risas), Claro, porque no nos hemos metido nunca ni en política ni en religión. Todos los clientes son bien recibidos. Para resumir el proceso, la hija de Agustín Lhardy (el hijo del fundador), se casó con un inspector de hacienda, Adolfo Témez, que se cansó del negocio y lo vendió a mi abuelo, Antonio Feito (jefe de cocina) y a mi tío Ambrosio Aguado (jefe de obrador). De ellos pasó a Gabriel Novo, mi padre, y mi tío Frutos Feito y a continuación, continuaron Ambrosio Aguado, su yerno José María García Salomón. Y ahora estoy yo, que llevo 25 años al pie del cañón. Soy la veterana, pero viene por detrás, con cuarenta y pocos años, mi primo Javier, que retomó la parte de mi tío Ambrosio cuando éste falleció.

P- ¿Pasó ya el disgusto del incendio que sufrieron el día uno de octubre de este año?
R- Sí, afortunadamente. El viernes 23 ya abrimos dos de los tres salones afectados. El otro va más despacio, pero hemos batido un récord de trabajo y rapidez para poder estar lo antes posible a disposición de los clientes.

 

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