Tapeart

Eduardo Suárez del Real Restauración de Mallorca

Abrir la boca, devorar el sol: desayunar.
Abrir la boca, ingerir la luna: cenar.
Abrir la boca, saborear el universo: gastronomía.
Abrir la boca, degustar el paraíso: tapear.
Hubo un día un cocinero.
Hubo un día dos cocineros.
Hubo un día tres cocineros… Que no querían envejecer. Lucharon contra el espacio y el tiempo. Pero murieron tres años después. El mundo sabe que no hay fuerza capaz de detener el segundero, Ni a la moscas ¡ay! inevitables golosas. Pero en su lucha contra el espacio descubrieron que en el pan nuestro de cada día ¿qué descubrieron? Que en el pan nuestro de cada día, cuando se le corta con cuidado y en la medida justa de un bocado. En la medida justa de un bocado cabe la geografía, la lengua, la antropología, la botánica y la zoología, cabe la leyenda de los pueblos, sus raíces sus frutos y sus ramas, cabe su horizonte, su paisaje físico y humano, cabe su historia y su genealogía.
La tapa es cultura que nos entra por los ojos, un librito comestible, cultura a la mano y digestiva. La tapa es literatura y es filosofía. La tapa incita al diálogo. Es un mapa con señales luminosas, la orografía e hidrografía de las ciudades, invita al descubrimiento, a la excursión, al paseo, a la hazaña, a la caza y la conquista… Siguiendo la dura ruta de los tatarabuelos de nuestros abuelos.
Ir de un lado a otro buscando el mejor de los alimentos, la evolución de las especies, Darwin, esto es cultura, es la fiesta de los nómadas.
La confirmación de que, aunque sigamos luchando como animales, algo hemos desarrollado como especie. La herencia.
Todos viajamos con la mochila de nuestra historia a cuestas, en busca del placer y del olvido. También en busca del Ser. Del ser un rato divertidos. Compramos sensaciones de libertad y la tapa tapa momentáneamente el mundo y sus horrores y nos ofrece la efímera quimera de hacernos sentir que de algo sirvió abandonar la cueva.
Me extasío en la sala de conciertos, en la biblioteca, en el teatro, en el museo y en el bar de la esquina. Porque en la tapa, al alcance de todos, hemos conquistado el ocio y sus sabores. Tapear, tapeart, es la fiesta de los nómadas sibaritas, de los consumidores de goces fugaces, de los que no se acomodan en la silla, de los monos con zapatos, de los que tienen en el paladar la brújula, del homo gastronómicus y su descendiente, el homo tapiens.
Eduardo Suárez del Real
Restauración de Mallorca