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Opinión

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Formación, formación, formación... ¿Una necesidad o un tópico?

He de reconocer que en reuniones, congresos y foros abiertos sobre política turística o planificación estratégica del sector, podría estimarse, que en una proporción cercana al 90% de las ocasiones, se plantea en los debates o en las conclusiones la necesidad primero de ampliar  la formación y después hacer de aquélla más práctica. Todo ello, tanto para la mejora de la calidad de los productos o servicios, como también, para alcanzar mejores productividades e incluso para conseguir excelentes resultados en la reducción de los costes.

Sin duda, personalmente, me siento muy estimulado por dichas intervenciones, peticiones o conclusiones, ya que siempre manifesté el principio, de que “si queremos el logro de la eficiencia en el desarrollo de nuestro turismo, el único camino a seguir para su consecución, se concretará en la ampliación de la capacidad formativa”. La productividad se deriva en primer lugar de la formación. Después otros factores complementarán la combinación, pero si el recurso humano, fundamento de la producción no está bien formado, el proceso tendrá numerosos problemas y fallos, que definirán un resultado mediocre, deficiente y perjudicado.

Pero el análisis de la situación y la valoración de ese eco inquieto y reivindicativo a favor de la formación en turismo, a menudo me hace pensar, si la realidad no será otra, que el mero clamor vacío y poco interesado en la consecución de un sector muy bien formado. Porque es evidente, que no es lo mismo reclamar y exigir, que actuar de manera permanente y comprometida en una misión, en  donde todos los sujetos obligados o sometidos a la responsabilidad de preparar, adiestrar y formar, cumplan como partes de un mismo objetivo.

Varios hechos concretos me incitan a pensar, que esa manifestación permanente de pedir formación en turismo no es realmente sentida y deseada, al menos en los términos de intensidad con que se reclama. En España son numerosas las iniciativas formativas que fracasan a la hora de cerrar el registro de alumnos. Produciéndose esa situación, de manera parecida, en cualquiera de los niveles de capacitación o enseñanza. Formación superior dirigida a la dirección o gestión, o formación práctica y operativa, en el marco de cualquiera de los múltiples oficios relacionados con el turismo.

El resultado es el mismo, tanto en el marco de la formación ocupacional, como en el ámbito de la formación continua; lo mismo a la hora de cursar formación teórica, que ante la posibilidad de avanzar en la formación práctica;  lo mismo si la enseñanza es gratuita, como si tiene un precio más o menos elevado. Pronto surgen comentarios críticos, o faltos de verdadero conocimiento, que atribuyen la situación al exceso de formación que se oferta y a la falta de un verdadero consenso sobre la oportunidad de algunas de las alternativas presentadas.

Dos experiencias recientes han motivado este artículo, que me han obligado a reflexionar sobre la situación que he manifestado. La primera de ellas el fracaso de alcanzar un mínimo de doce alumnos, para iniciar un curso  sobre innovación en los servicios turísticos, a desarrollar en dos localidades distintas. Cursos totalmente gratuitos, dirigidos a gestores, pequeños empresarios, directores de pequeñas empresas o personas dedicadas a introducir y mejorar la eficiencia de sus establecimientos turísticos. Cursos correspondientes a un Programa financiado con recursos procedentes del Fondo Social Europeo, en los cuales, finalmente, no se alcanzó el mínimo de asistentes.

El segundo caso se refiere a la oferta que se ha realizado en toda España por las universidades públicas y privadas para facilitar a los antiguos TEATs y Diplomados en turismo acceder al Grado Bolonia. Resolviéndose así una vieja injusticia o agravio sufrido por los antiguos técnicos en empresas y actividades turísticas, que se veían sometidos a estudiar una titulación, estancada en una vía muerta, fuera de los circuitos universitarios. El balance hasta ahora ha sido muy limitado. Solo un porcentaje mínimo, con relación al censo de TEATs, ha optado por la mejora formativa, elevación de su status universitario, etc.

¿Quiénes son los culpables de esta situación? Si hubiera culpables. Acaso los mismos interesados que renuncian por alguna razón a una mejora de su formación. Quizás aquellos que debieran ser los motivadores e impulsores de una formación más completa y permanente, en sus cuadros o censos de empleados. Tal vez falta un verdadero estudio sobre la situación, capaz de establecer las razones de ese desajuste. Ahí dejo la pregunta.
 

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