¿Qué hacer ante la actual situación de incertidumbre?
El sistema económico y social, en estos momentos, se proyecta y evoluciona dentro de un marco de incertidumbre, provocada: en primer lugar, por un profundo final del ciclo económico; también, por la influencia y secuelas de una crisis económica, interrelacionada con la pérdida de fundamentos y valores sociales del pasado; y además, especialmente, y en concreto, por la ruptura de estructuras, que parecían estables, pero que aparentemente, y en general, cumplieron favorablemente con sus objetivos y significado, dando muestras de un cierto agotamiento, que hoy exige su reforzamiento o intensa modificación.
Esa situación que puede inducir a preocupación y pesimismo, necesariamente, ha de identificarse con una alternativa positiva, que se ofrece como un esperanzador horizonte, a todos aquellos que desean con dinamismo y valentía, una sincera reflexión sobre la oportunidad de alcanzar la excelencia y la eficiencia. Transformando los mensajes negativos, en factores de mejora. Considerando el talento, el conocimiento, la innovación, el rigor, la creatividad y el valor en verdaderos factores de progreso. Que ineludiblemente, han de incidir en cualquier sistema o modelo, que requiera una sensible mejora, como incisivos elementos de cambio.
Sin espacio para la duda, hemos de considerar, que el turismo, y todo el entorno que envuelve a la actividad de la ilusión y los viajes, necesitan ese cambio. Cambio en los procesos de utilización y manejo de los recursos motivadores; cambio en las estrategias de influencia en la demanda, para llegar a un mejor aprovechamiento social y cultural del desplazamiento; cambio en los medios utilizados, para conseguir que las influencias y repercusiones, sean más intensas y mejores; cambio en la interpretación del turismo, para facilitar, que los beneficiarios de este bien económico, social y cultural, (turistas, trabajadores o poblaciones receptoras afectadas), se sientan más satisfechos.
Ahora bien, esa actitud renovadora y favorecedora de un nuevo marco de influencia ha de apoyarse en tres principios que han de ser los determinantes del cambio deseado. El primero la necesidad de reconocer la complejidad, el deterioro progresivo y el desajuste de la situación actual. El segundo la obligación, por parte de todos los agentes participantes en el proceso de planificación, dirección y gestión del turismo, de realizar una severa autocrítica. Y por último, la creencia de que solo con la participación colectiva, mediante el asociacionismo, el debate continuo, la celebración de foros y reuniones y la renuncia de privilegios e intereses, se podrá constituir una verdadero capital relacional, capaz de liderar el proceso de cambio y recuperación.
En cualquier disyuntiva, especialmente decisoria, se proyectan varios caminos a seguir. En este caso, para mejorar la situación del turismo, las alternativas solo son dos. O continuar, siempre en espera, observando el horizonte, por si mejoran las perspectivas, pero con pasividad. O por el contrario, reaccionar frente al estatismo, con fuerza, imaginación y decisión. En el turismo, adoptar la primera posición, solo podrá aportar, más de lo mismo, y la pérdida de una gran oportunidad.








