Crisis en la Cultura de la Formación Turística
Se repite con insistencia desde algunos foros, que debe considerarse la crisis que el sistema económico sufre en estos momentos, como una interesante oportunidad de progreso y mejora; teniendo en cuenta al respecto, la interpretación filosófica del pueblo chino. No cabe duda, que lo absurdo y negativo sería valorar la situación adversa y desfavorable de modo pesimista, estático y sin ideas de cambio e innovación.
En el amplio abanico de oportunidades destacables, para aprovechar la fuerza del cambio que impone la salida de la crisis, ocupa lugar prioritario la formación. Ya que siempre se ha dicho, que son los momentos de dificultades, aquellos que pueden impulsar después, el rápido despegue y crecimiento, favorecidos por un proceso educativo y formativo, generado e impulsado en las fases de depresión. Es decir, entendamos que no hay momentos, ni puntos muertos, sino etapas que aprovechar y de las que obtener el mayor beneficio, aunque este no lo sea económico.
Esta opinión que quiero comunicar, se produce especialmente, porque identifico y siento, una cierta crisis, también, en la cultura de la formación turística. Ello significa, que progresivamente, aprecio mayor desinterés tanto en las instituciones, empresas y trabajadores, en particular, en el proceso de la formación continua y especializada. Cuando las exigencias de la calidad, el compromiso del servicio y la necesidad de elevar nuestra productividad, exigen de manera imperiosa empleados, técnicos y directivos mucho más formado en la gestión, la organización, el trabajo y las políticas de decisión.
En el sistema turístico, tanto como en el sector de la hostelería, dicha recomendación se hace todavía más necesaria. Es perceptible, por muchas razones, cuya explicación exigiría un profundo comentario, que nuestros empleados están requiriendo un intenso esfuerzo de formación, que proyecte de nuevo la enseñanza turística como clave de la superación del actual estado de insuficiencias en resultados empresariales y sociales que se obtienen.
Sin embargo la cuestión no se centra exclusivamente en multiplicar los cursos, talleres, seminarios y otras figuras instrumentales para la educación y la formación. Tampoco, se puede decir, que el problema sean los medios, ni la falta de auténticos formadores, muy preparados. El problema, según mi opinión, consiste en no reconocer la crisis de la cultura formativa. Ya que todo ahora es relativo, pues se piensa, que para cualquier puesto de trabajo en el turismo o en la hostelería todo vale. Menospreciándose la vocación, la actitud, la aptitud y por encima de todo el principio de la excelencia.
En general se cree, que el afán de la consecución del servicio o producto perfecto, es solo una virtud; quizás innecesaria, y poco apreciada. Y lo que es más grave, la eficacia se ha impuesto a la eficiencia. Llegándose a tipificar la atención al cliente, como un objetivo más de la empresa, y no como el resultado preferente de nuestro esfuerzo, misión y voluntad. No entendiendo, que a nuestra demanda hay que mimarla, fidelizarla y amarla, tal como diría un buen hostelero, que siente su profesión, no solo como el recurso para vivir y transitar en su rutina, sino como el motivo trascendente, por el que luchar y esforzarse cada día, no solo para continuar, sino para ser feliz.
Estrella Carrillo (Murcia, 1975) acaba de proclamarse vencedora del concurso “Best Chef Adecco” en la Región de Murcia, organizado por la empresa de gestión de recursos humanos Adecco. Los ingredientes que acompañaron a su lubina fueron tres de los pilares de la cocina murciana: arroz, pimentón y limón. Eso sí, servidos en forma melosa, gelificada y crujiente, respectivamente. Ya se...







