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La calidad de servicio y atención al cliente en restauración

Cultura de servicio y atención al comensal, independientemente de la formula de restauración, categoría y concepto de empresa no está, ni debe estar nunca reñido con la rentabilidad y la visión de negocio que de cualquier actividad económica se espera obtener. La saturación de la oferta tiene aspectos positivos como por ejemplo el análisis de los niveles de competitividad mediante la comparación de oportunidades y amenazas en un marco externo, pero también de debilidades y fortalezas en un marco interno. No obstante, también ha contribuido a un mayor conformismo y aceptación de mediocridades planteadas como oferta, por parte de la demanda.

Las empresas del siglo XXI deben apostar por las personas e incentivar y motivar su implicación y actitud en el asentamiento y crecimiento de las mismas. Un establecimiento de restauración se mide por diferentes emociones que gracias a la sensibilidad del ser humano, condicionaran positiva o negativamente en el comensal o cliente de cara a crear en él nuevas expectativas y en consecuencia provocar que el placer vivido se convierta en una necesidad de repetir y comprobar que no ha sido fruto de la casualidad sino del auténtico amor y pasión por el oficio, no solamente a nivel técnico, sino a nivel de relación social y de estado de felicidad causado al consumidor final, en definitiva: cultura de servicio.

Hoy más que nunca ha llegado el momento de ser ecuánime con las excelencias globales de un restaurante y el reconocimiento de las mismas por parte de los medios de comunicación y, que sin duda alguna, van a predisponer al consumidor final a ello. Ese desequilibrio es patente si hablamos de cocina y de sala, pero de todos depende de que eso cambie a corto plazo y entendamos un negocio de restauración como un conjunto de emociones recibidas y que se basan en el producto gastronómico pero también en todo lo que rodea al mismo como la decoración, la comodidad, el trato, la información, la técnica de servicio, el montaje, la climatización y por supuesto todo en su conjunto y su relación directa con el precio.

 


Para que todas esas emociones queden potenciadas al máximo será necesaria la aportación del personal de contacto o equipo de sala (vendedores de felicidad) de cara a evidenciar una conducta de equipo con clara convicción de lo que significa la cultura del servicio y la preocupación por el detalle. Para ello es muy importante que se reivindique el reconocimiento que los profesionales de sala llevan años cultivando y que ha llegado el momento de reconocer no sin antes hablar de motivación social y económico, para que la profesionalidad vuelva a lucir lo mejor de sí misma mediante la actitud, implicación, formación y técnica para garantizar los mejores resultados de cara a la satisfacción global de los clientes que cada vez son más exigentes y con un mayor conocimiento de la restauración en sus diferentes formatos e intenciones marcadas por el mercado y sus ofertas.
 

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