¿Qué pretende hacer el INE con el turismo?

Manuel Figuerola. Universidad Nebrija

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A los que creemos que la actividad turística ha sido, es y será el verdadero y más auténtico motor del desarrollo, los resultados sobre la influencia del turismo en la economía ofrecidos recientemente por el INE nos han defraudado.

Porque, de nuevo, en una artificiosa operación acordeón -ahora reduzco, ahora amplío, ahora reduzco-, la valoración que el INE ha hecho de la participación del turismo en la formación del PIB del año 2015 ha sido rebajada en dos décimas, lo que significa un descenso del 11,1 al 10,9%. Este hecho no se justifica con los datos, aunque ya se había repetido en períodos anteriores, justificándolo en cambios de base o de metodología. Esos cambios suponen que el avance del año 2016 haya sido solo del 11,2%.

No se trata de dudar del conocimiento sectorial o del rigor científico del INE, pero es llamativa esa actitud pertinaz, que no refleja el verdadero impacto del turismo, juzgado a la luz de las cifras reales. Así, el aumento de tres décimas de 2016 sobre 2015 que hace el INE, parece adecuado y elaborado tras un completo y continuo análisis de la evolución del sector; ahora, tal como ha sido estimada la repercusión de los nuevos datos, reduciendo la base, la influencia real ha quedado disminuida.

Esta tendencia permite sospechar que en la Navidad de 2018 el proceso anual de revisión se volverá a aplicar mediante la operación acordeón, lo que significará que el 11,2% de aportación recientemente estimada se volverá a reducir, estabilizándose, posiblemente, en el 11%, una décima más sobre el valor del 2015. Esos números proyectarán una participación para el 2017 de, escasamente, el 11,5%.

El estudio que realiza anualmente para la Mesa del Turismo Español el grupo de investigación del sistema turístico de la Universidad Nebrija estima la participación del turismo en el PIB español en una contribución que se distancia del dato del INE en más tres décimas.

Esta serie determina para el año 2015 una contribución del 11,2 y supone una proyección, referida al 2017, del 11,8%. Se trata de una diferencia mínima, que no justifica discusión porque solo significa una desviación sobre el valor de la variable del 2,4%, pero que, sin embargo, en términos de producción directa equivale a 3.000 millones de euros y a 6.000 millones de producción directa e indirecta.

Si hemos hablado tanto últimamente de la continua superación de récords de turistas, de grandes esfuerzos de innovación, de elevadas inversiones en infraestructuras, de superación en la formación y calidad del turismo, no se puede entender que eso no se refleje en las cifras. Aumentar las intensidades de los tráficos no cuadra con disminuir los porcentajes. Llama la atención que los fuertes incrementos de la demanda, especialmente el referido al segmento del turismo procedente del exterior, superando aumentos de personas y de producción del 10%, no se reflejen en los datos o lo hagan a la baja. Es decir, parece incompatible incrementar todas las variables del turismo, pero reducir su participación en la formación del PIB.

Se diría que hay cierto desinterés ante la necesidad de favorecer un más amplio y perfecto conocimiento del sector que podría generar mayores beneficios. La posibilidad de aplicar mejoras estadísticas, por ejemplo, se debería considerar; actualizar el tratamiento input-output de la tabla intersectorial de la economía española, hoy lamentablemente estancada en el año 2010; desagregar sectores determinantes de la estructura turística, como el sector de la hostelería, donde aparecen fundidos en numerosas fuentes, el alojamiento y la restauración y en algunos casos, el transporte; y desarrollar seriamente el censo de viviendas de susceptible uso turístico. Es decir, habría diversas maneras de cubrir estas y otras muchas insuficiencias cuyo conocimiento preciso, evidentemente, repercutiría en la existencia de un modelo turístico más eficiente.

No es posible discutir la evidencia de que una mejora en los datos haría posibles mejores análisis. Es verdad que se ha perfeccionado el conocimiento estadístico del turismo, pero, como colaborador de numerosos trabajos de valoración del turismo a lo largo de varias décadas, recuerdo con añoranza el gran esfuerzo que el Instituto de Estudios Turísticos realizó elaborando las tablas input-output de la Economía Turística Española en los años 1970, 1974. 1978, 1982 y 1992, y que hoy han quedado en el olvido.

Recuperar esos y otros estudios nos ayudaría a convertir esta industria, fundamental para nuestra economía, en un sector más eficiente. ¿Es que no nos interesa?