Un año de luces y sombras en el turismo

Manuel Figuerola Palomo. Universidad Nebrija

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Gracias a la muy reciente publicación de Frontur, la encuesta oficial del turismo extranjero en España, ya sabemos que, durante el pasado año, recibimos 75,56 millones de turistas. Es decir, siete millones más, un 10,3%, que el año anterior. Sin duda, por su intensidad, este incremento hubiese sido considerado increíble hace pocos años. Se trata, por tanto, de un éxito que debe considerarse una verdadera hazaña que nos permite alcanzar una cuota en el mercado del turismo internacional superior al 6%.

Pero, a mi juicio, debemos preguntarnos, apelando al realismo y sin caer en el triunfalismo, si todas las cifras que se relacionan con el turismo son favorables. O si, más bien, nos encontramos ante una situación coyuntural compleja, habitual en muchos fenómenos sociales o económicos, en la que no todo son luces, sino que, al fulgor de un espectacular suceso, le acompañan cifras que se asemejan a sombras.

Tal como se ha dicho con frecuencia en los últimos meses, se debe destacar que una parte importante de esos siete millones de personas, posiblemente, se hubiesen desplazado como turistas a otros países mediterráneos si en aquellos destinos hubiese dominado la paz, en vez de ser lugares asolados por el terrorismo y la inestabilidad social y militar. Eso quiere decir que la situación nos ha favorecido temporalmente y que, si en los próximos años se restablece una cierta calma en la región oriental del Mediterráneo, la cifra que hoy nos beneficia se verá mermada. A mi juicio, se trata de un turismo circunstancialmente desviado, prestado, empujado desde destinos actualmente perjudicados por una lamentable situación que necesariamente se ha de recomponer.

Pero las sombras oscurecen algo más el balance al comparar las cifras de llegadas con las cifras de su influencia económica. Comprobamos, al hacerlo, que hay oscuridades que se han de iluminar. Creo que no debemos quedar satisfechos, por ejemplo, observando que los turistas aumentan el 10,3% y los ingresos bastante menos, en concreto solo el 6,7%, considerando la estimación en función de la balanza de pagos, que se convierten en el 8,3% si tenemos en cuenta las valoraciones de Egatur, la encuesta del gasto turístico. Hay sin embargo una razón para el optimismo que hemos de considerar al hacer un balance sobre la evolución reciente de nuestro turismo: se trata del fuerte crecimiento de las estancias en los hoteles. El conjunto de las pernoctaciones del turismo de no residentes en el año 2016 superó la cifra de 216 millones, lo que equivale a un aumento del 9,3%. Es positivo, sí, un punto inferior al del incremento de turistas, que, recuerdo, ha sido del 10,3%.

Si hablamos de la demanda interna, se acumulan las incertidumbres. Primero, el movimiento de los residentes, medido por el número de estancias en los hoteles, ha crecido solo el 3,5%, un incremento muy parecido al del PIB (3,2%). Esto pone de manifiesto una cierta inelasticidad en este segmento, que implica 113 millones de estancias y que encuentra su cifra de expansión lejos de los niveles de desarrollo alcanzados antes de la crisis, que fueron de 117 millones de estancias.

En segundo lugar, también ha de preocuparnos el gasto medio por viajero, ya que de nuevo ha descendido su promedio. Los datos indican que un turista, en el cuarto trimestre del año 2014, gastó 755 euros, mientras que en el mismo momento del último año solo llegaba a 722.

Por otra parte, como indicador preocupante que se proyecta como una sombra, se percibe un descenso de la estancia media. Este dato implica una repercusión negativa sobre el gasto medio y el consumo de actividades de ocio, de alternativas de disfrute cultural y de productos complementarios de la oferta turística. Además, se percibe, tal como se comprueba en los ratios explicados, que disminuye en términos relativos la cuota de los alojados en hoteles, al mismo tiempo que crecen los porcentajes de turistas que se dirigen a alojamientos de menor generación de empleo. Como resumen debemos concluir que los resultados sectoriales han sido excelentes y que el futuro parece esperanzador. Sin embargo, para conseguir la eficiencia que el turismo español puede y debe alcanzar, hemos de sustituir sombras por luces que se apoyen en un mayor conocimiento de los objetivos. Pero siempre, por encima de todo, interpretando bien cuáles han de ser las políticas y estrategias que se han de incorporar.

Manuel Figuerola
Universidad Nebrija

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