¿De verdad sobran turistas?

Manuel Figuerola Universidad Nebrija

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Este verano de récords –de temperatura y de turistas, por citar solo dos– hemos podido leer y oír en los medios de comunicación, algunas veces sin adecuadas consideraciones técnicas, el enfado de muchos ciudadanos, especialmente de Baleares y Cataluña, alertando de que en algunos destinos había exceso de turismo. Quizá, sin identificarlo plenamente, en realidad se estaban quejando de un exceso de turistas, no de un exceso de turismo. Así, durante los meses de julio y agosto hemos podido oír numerosos juicios frívolos, críticas desafortunadas y sentencias acusatorias que concluían afirmando que España tenía demasiados turistas.

A mi juicio, nunca sobran turistas, falta ordenación. Así, aprovechando la pertinencia de la pregunta, es un buen momento para hacer autocrítica sobre el actual modelo turístico, sometido a un principio de laissez faire que el tiempo, y el expansionismo, han terminado por agotar. Es preciso mejorar nuestro desarrollo turístico, del que tanto dependemos y al que tanto tenemos de agradecer.

Son necesarias tres consideraciones previas, sobre la base del conocimiento empírico y la documentación, que permitirían una mejor elaboración del discurso y un mejor planteamiento de este asunto. Primero, es preciso reconocer el trascendente papel jugado por el turismo en el desarrollo social y económico de España. Segundo, hay que contestar razonadamente a los que sin conocimiento hacen una absurda crítica a la especialización turística. Y tercero, se hace necesario demostrar, con información estadística y no con elucubraciones y fantasías teóricas, que el turismo ha sido un factor de cambio sin el cual no se hubieran alcanzado las cotas actuales de bienestar.

En esa búsqueda de conocimientos, los críticos del turismo deberían manejar mejor la información estadística e incrementar sus visitas a las hemerotecas, aunque solo fuera para entender la trascendencia del turismo. Reconocerían, entonces, cómo en cuatro momentos difíciles de la historia económica de España (plan de estabilización de la peseta, crisis del petróleo de 1973, Pactos de La Moncloa e integración en la Comunidad Económica Europea), el turismo fue un factor determinante para resolver los problemas de nuestra economía. Sin los resultados del turismo, mejorando los desequilibrios por cuenta corriente de la balanza de pagos, contribuyendo al incremento de las reservas, elevando los ingresos fiscales, reduciendo el desajuste presupuestario, generando puestos de trabajo y llegando a constituirse en elemento básico en la formación del PIB, sencillamente no se hubieran conseguido culminar adecuadamente aquellos cuatro retos.

Llaman la atención quiénes sin argumentación metodológica, con escaso conocimiento de la estructura económica y sin percepción de la propia realidad cultural, social y económica de España, hablan del cambio a otro modelo productivo donde todo lo que suene a input-output les suena ofensivo y donde parece que el turismo estorba. No podemos olvidar, si hablamos de I+D+i, que el turismo es promotor singular y permanente de la innovación y la tecnología y, por tanto, un buen impulso a un mayor crecimiento tecnológico. Y, desde luego, no podemos ignorar el peso de nuestra industria en la formación del PIB, por encima del que tienen países líderes de la Unión Europea y menospreciando, por ejemplo, el papel de numerosos subsectores industriales como la automoción.

Una política turística identificada con un turismo más eficiente podrá, sin duda, elevar el gasto medio por turista, hoy en declive, pero aun así no podemos obviar la actual influencia del turismo en la formación del PIB, en el que supone cerca del 12%, y el mantenimiento de una oferta de empleo superior a dos millones de personas. Por supuesto, hay que poner herramientas para conseguir atraer un turismo más exigente con nuevos productos y mayor calidad, así como lograr una estancia media igual a la del año 2000, cercana a los diez días. Así, con algunas mejoras, con análisis y datos, con cabeza, el turismo superará una aportación al PIB del 15% y un empleo directo e indirecto de más de dos millones y medio de trabajadores. Por eso, en mi opinión, no, no sobra turismo, falta ordenación.

Manuel Figuerola
Universidad Nebrija

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